Ahora que han pasado unos días desde que volvimos de nuestro viaje, voy a resumiros un poco como fue. El primer día fue el más rollo porque nos pegamos 7 horas de coche hasta Rennes. Ésta es uan ciudad muy binuta, universitaria, con unos creppes muy buenos y un casco histórico que merece la pena visitar. NO hay que perderse la fuente en memoria a Tristán e Isolda, o mejor dicho, la fuente-timo…
Luego pasamos a Finisterre, a ver Brest. Bueno, ni frío ni calor, la verdad. Esta ciudad me recordaba demasiado a Cartagena como para que pudiera impresionarme. Lo que sí lo hizo fue la costa de granito rosa… Es magnífica. Es completamente distinta a algo que hubiera visto con anterioridad. Esos bloques de granito en mitad de la playa, del pueblo, construyendo iglesias… Increíble. Le daba un aspecto de “decorado” al paisaje

Al día siguiente le tocó el turno a Saint Malo, ciudad corsaria y amurallada. Llegamos por la mañana con la marea baja, y el mar estaba a unos 200m de la muralla. Por la tarde, cuando volvíamos, apenas quedaban 15m de arena… Para alguien del Mediterráneo, ver esas mareas fue bastante impresionante. A parte del hecho de que nos tomamos unas mariscada buenísima en una terraza al solecito.
Trás eso, pasamos a Normandía. Nuestra primera parada fue el Mont Saint Michel, famoso pr su abadía de construcción imposible encima de un peñasco y sus galletas de mantequilla. Para quien no lo conozca, este sitio quita el aliento. Lo ves aparecer allí, en medio de la marisma, recortándose contra el cielo. Con San Miguel protegiendo la aguja de la abadía. Es un espectáculo magnífico.

Y por último, las playas del Desembarco. Nos faltó por ver Sword, pero estuvimos en las otras 4: Utah, Omaha, Gold y Juno. Visitamos un par de museos y dos centros de interpretación. Fuimos al cementerio americano, que es devastador, a la batería costera de Longues-sur-Mer y al Pointe du Hoc. Que vivan los Rangers! Que esos tios se escalaron el acantilado bajo el fuego enemigo. Soy fan.
Terminamos en Versailles, algo tranquilo, relajado. Los jardines son fantásticos, se merecen toda la fama que tienen. Hemos dejado para otro año el palacio, ya lo veremos en otro momento. Mis preferidos fueron el de la Encelada y el de los Naranjos.

Y ese fue más o menos nuestro viaje.